lunes, 15 de noviembre de 2021
NUEVO nuevo abstract 15/11
Este trabajo intenta trazar una genealogía de mi practica artistica -vinculada con el modelado en sentido amplio- como modo ritual de des/clasificar algunas matrices audiovisuales de pensamiento. Para eso, voy a trabajar de manera reflexiva y practica con el proceso atravesado en los ejes tiempo, espacio y movimiento. La primera de las nociones que me interesa invertir es la de mascara, entendida comúnmente como algo que tapa la cara. Sostengo en este proceso, que ésta es, en cambio algo que expande: un dispositivo o maquina que propone la posibilidad de entablar relaciones y configuraciones propias.
Desde ese lugar -al que llamo provisoriamente saber elemental-, planteo mi recorrido como una construcción de mascaras diversas ligados a practicas colectivas. Para eso propongo una obra inmersiva (Tierro Incognita: algo así como la suma(?) de todas esas masacras) que dé cuenta de las obsesiones que surgen de modo recurrente en mi camino a partir de la conjuración de mascaras diversas hechas de arcilla, barro, pelo, dispositivos como oculus, código, yeso, carne, programación, rayos X, tomografías, etc. Entiendo esta noción como algo que excede -por mucho- la cara, que media desde siempre nuestra relación con “lo otro”, que oculta del mismo modo que devela y expande, que encarna esa zona de contacto difusa entre la carne, la magia y algún tipo de técnica o proto-algoritmo. Percibo esa “zona de contacto” como territorio de tensión entre lo material, lo virtual y lo digital, categorías que no puedo evitar interpelar.
Desde este lugar, sitúo mi practica artistica como sistema generador de obras y como virtualidad inseparable del cuerpo, a un nivel similar al del lenguaje. Me interrogan asuntos como la relación entre la carne y la tierra; la zona en la que se tocan el cuerpo y “lo otro” y la cuestión kuscheana de la gravitación del suelo sobre el pensamiento (entendido como cuerpo). Una respuesta posible a esas preguntas (inútiles) es la practica de la suspensión (colgarse cabeza abajo como toma de partido estético) pensada como una manera de la mascara y de desclasificacion de la perspectiva erecta. Planteo la emergencia del deseo como motor de este código rústico que es mi practica, pero que tambien roza la regeneración del tejido y el baile. Creo que este proceso es una mezcla de tráfico de experiencias, saber elemental y algo que ni intento definir. Me empuja la subversión sistemática de mí mismo, de mis hábitos y adoctrinamientos. Me toma un cierto carácter viral del hacer, una búsqueda que grita: la máscara es mi verdadero rostro.
martes, 9 de noviembre de 2021
nuevo abstarct
Este trabajo intenta trazar una genealogía de mi practica artistica -vinculada con el modelado en sentido amplio- como modo ritual de des/clasificar algunas matrices audiovisuales de pensamiento. Planteo este recorrido e investigación a partir de acciones presentes y futuras, como un modo de sostener que las preguntas de hoy ya anidaban ayer y van a seguir estando mañana (aunque tal vez adoptando las formas mas extrañas). Voy a trabajar de manera reflexiva y practica con el proceso de investigación recorrido en los ejes tiempo, espacio y movimiento. Para eso propongo una obra inmersiva (Tierro Incognita) que dé cuenta de ese recorrido y las obsesiones que surgen de modo recurrente. Me refiero a las tensiones que aparecen entre lo material, lo virtual y lo digital, categorías interpeladas a partir de -entre otras cosas- la conjuración de mascaras diversas hechas de arcilla, barro, pelo, dispositivos como oculus, código, yeso, carne, programación, rayos X, tomografías, etc. Entiendo esta noción como algo que excede -por mucho- la cara, que media desde siempre nuestra relación con “lo otro”, que oculta del mismo modo que devela y expande, que encarna esa zona de contacto difusa entre la carne, la magia y algún tipo de técnica o proto-algoritmo. Desde este lugar, sitúo mi practica artistica como sistema generador de obras y como virtualidad inseparable del cuerpo, a un nivel similar al del lenguaje.
Me interrogan asuntos como: la relación entre la carne y la tierra, la zona en la que se tocan el cuerpo y “lo otro” y la cuestión kuscheana de la gravitación del suelo sobre el pensamiento (entendido como cuerpo). Una respuesta posible a esas preguntas es la practica de la suspensión extendida en sus bordes a sitios que exceden la postura y pensada como una manera de la mascara y de la desclasificacion de la perspectiva erecta. Planteo la emergencia del deseo como motor de este código rústico que es mi practica, pero que tambien roza la regeneración del tejido y el baile. Creo que este proceso es una mezcla de tráfico de experiencias, saber elemental y algo que ni intento definir. Me empuja la subversión sistemática de mí mismo, de mis hábitos y adoctrinamientos. Me toma un cierto carácter viral del hacer, una búsqueda que grita: la máscara es mi verdadero rostro.
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