viernes, 26 de noviembre de 2021
mascara como interfaz inversa (ii o in_in)
Mascara como interfaz inversa
En esta linea de retomar los ecos, resonancias y fantasmas (inversos) que habitaron el recorrido por la MAE, retomo la cuestión de Violentar La Empresa (VLE) -planteada en el eje movimiento-como modo de resistencia y expansión de lo vital propio, entendido como algo colectivo. VLE es un sistema de código abierto participativo y colaborativo, basado en la fusión de medios y planteado como sistema generador de preguntas y obras(?). No tiene nada que ver con la idea de realización personal ni con lo vocacional entendido como carrera. En gran medida, se basa en proponer la mascara -en sentido expandido, no como careta- como interfaz inversa (ii), es decir, aquella que escapa a la lógica de la empresa (en términos post industriales*) y la violenta. Es aquella que genera instrucciones propias, vinculadas con la emergencia del deseo como síntesis de lo vital y que tiende a revertir un efecto anterior, a des/normalizar algún tipo de configuración impuesta que funciona como matriz de control. La concibo como un tipo de interfaz que no aspira a volverse transparente, todo lo contrario, siempre anuncia que está, no disimula su materia ni la mediación que pone en marcha. Invierte la lógica de los motores de búsqueda que nos modelan: ante la pregunta de quien la toma, busca en lo NO indexado, responde erráticamente a partir de materialidades, no de conceptos. Llamo a esta instrucción proveniente del propio deseo, código rústico, entendido como algo super cyborg, es decir, tan certero como amorfo, tan “pulcro como hediento”). En esa linea, no siempre contesta las preguntas, mas bien las expande, las hace fermentar en su condición mutante. De acuerdo con Galloway, en el contexto de la cibernética, la interface se define como el punto en el que la carne se encuentra con el metal generando una relación sistémica. La ii (interfaz inversa), en cambio, es un portal en el que se encuentra la carne con lo otro indefinido (es decir todo aquello que no es carne) y en la que no necesariamente se arma un sistema.
Se nutre de “un carácter viral del hacer”, de una búsqueda que surge del barro mismo o bien de las catacumbas de nuestras propias personalidades. Transforma los golpes, los accidentes, las problemáticas y vicisitudes de la vida en materia arcillosa a ser re-modelada. Esto no quiere decir que “empaquete” esas cuestiones, eso ya lo hacen bien las interfaces. Mas bien hace lo contrario: desenvuelve y expande aun si no conviene. Nada resbala en la superficie jamas pulida de la interfaz inversa: todo prende, pliega, anida y ramifica al ritmo de la vegetabilidad de lo humano, que jaquea la supuesta división en reinos. Inseparable de lo especular y del derrumbe, su materia es sustancia y viceversa: donde las interfaces leen un laberinto, las ii (o in in) ven un trazado para la danza o el baile (que es como la danza pero antes o después de haberse vuelto tal). VLE es un trafico de experiencias colectivas que en cada una de sus partes -si es que las tiene- refleja un punto de encuentro con otrxs. Es el reflejo en el lago aquel que cuando cae una piedra se descompone en la invención de los datos continuos y de los discretos. Relaciono VLE con la practica artistica, pero sé que la excede. Me ayuda a profundizar esto la frase de Resnais y Marker: “Como decir qué es arte en un mundo en el que todo es arte?”
Propongo un ejemplo concreto de la mascara pensada como interfaz inversa a este desarrollo porque aclara y enlaza varios puntos: colgarme cabeza abajo es el modo que encontré de hacer cuerpo el estar siendo kuscheano antes de haber leído a Rodolfo Kusch. Pero tambien es un modo de sustraerse de la perspectiva bípeda, erecta. Durante ese tiempo suspendido, apareció la posibilidad de generar otras, ni euclidianas, ni eurocentristas-objetuales. Me corrijo: no apareció, se hizo cuerpo (entendido como pensamiento).
Una vez que regresé a la posición habitual bípeda (tan quintaesencial de lo humano como la herramienta o el lenguaje), la suspensión siguió estando ahí como mascara total, como esas africanas que cubren todo el cuerpo y lo exceden: Así, la suspensión anidó detrás de mis párpados, cubrió toda mi piel como interfaz encarnada. Nunca transparente, siempre inversa. Simultáneamente, materia y sustancia. O dicho de otra forma, un modo de volatilizar esas categorías.
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